Nunca antes en la
historia de la humanidad ha sido distinto. Todos hemos vivido y crecido ante
amenazas reales. Entonces, ¿por qué tantos niños(as) y adolescentes de hoy que
viven en la desesperanza, la ansiedad, la depresión, el suicidio o intentos
suicidas?
Nuestros niños y
jóvenes no son los únicos que han tenido que crecer entre tantos miedos. Si no,
pensemos en la gente que nació y vivió en postguerras, pobreza, epidemias,
crisis económica y dictaduras. Pero, encontraron muchos hogares y escuelas que
se convirtieron en verdaderos refugios de esperanza. Porque los niños y
adolescentes no necesitan un mundo perfecto para florecer y desarrollarse.
Necesitan de padres y educadores seguros y optimistas, de fe y esperanzadores.
¿Qué hacer? Proteger a nuestros hijos de esta sociedad de
consumo, pornografía, frivolidad y catástrofes que en nada ayudan al
crecimiento de niños emocional y psicológicamente sanos; teniendo muy presente
que, nuestros hijos no se angustian o se deprimen por las guerras y miserias
que le rodean, tampoco por el cambio climático y el calentamiento global. Se
angustian y deprimen por la ausencia e indiferencia de sus padres, por no
recibir una buena educación doméstica y pública, por falta del acompañamiento que
necesitan en la etapa más vulnerable de sus vidas.
Y, la mejor
medicina para su angustia y su baja estima es, la seguridad, optimismo y
actitud de esperanza que deberían ver en nosotros. Porque el rol de los padres
y maestros es, ensenar a nuestros hijos y alumnos a ser participativos, a ser
parte de la solución, no del problema, que aprendan a amar y respetar a sus
compañeros, a los demás, al medio ambiente. Ensenarles a servir desde la
compasión y a aprender desde la verdad y la ciencia. A participar en algún
deporte o actividad física, artística, deportiva y de grupo. Y así, ayudarlos a
que puedan generar sus propias metas hacia un futuro de esperanza en los
tiempos difíciles que les ha tocado vivir.
En resumen: estas líneas son solo algunas ideas dirigidas
a padres y maestros que, en nuestros roles de educar a nuestros niños(as) y adolescentes,
estos, entiendan que, no son ni serán los únicos en vivir y crecer en tiempos
difíciles. Que mantengan viva la esperanza y el optimismo, porque les hemos
dado unas herramientas que, a pesar de las circunstancias les van a ayudar a ser
personas exitosas y felices.
Marcos Díaz Guillén
pediatra de la República Dominicana.