viernes, 2 de enero de 2026

CUANDO EL TIEMPO DEJA DE APURARNOS

 

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Es una expresión para significar que con el paso del tiempo nos volvemos más sabios.

 

La realidad que vivimos es que el hombre o mujer de 70 o más años, pueden iniciar un nuevo año con esperanza y proyectos, porque el mundo ha cambiado y nuestra edad cronológica también unida a nuestra edad biológica que puede ser mucho menor.  Y, porque además sabemos que, para el año 2050, que está al doblar de la esquina, más del 50% de la población mundial tendrá 60 años o más y más 3, 200 millones de personas en este grupo de edad.

 

Al dejar atrás la juventud, pueden aparecer dolencias y limitaciones que hoy son fácilmente tratables; para vivir una vejez mucho más útil y productiva. Con las vacunas que evitan tantas enfermedades, la terapia génica para el tratamiento de enfermedades que pasarán de catastróficas a evitables, con una nutrición y alimentación científicamente aplicadas y con matrimonios con uno o ningún niño, las proyecciones son que en pocos años una población de mayor edad va a dirigir el mundo.

 

Con los años, podemos escribir las cosas que en la juventud no tuvimos tiempo de escribir, dejamos de decir muchas de las cosas que decíamos y aprendemos a decir lo que callábamos, disfrutamos el concierto que no supimos valorar, podemos ver el amanecer y el atardecer que la velocidad de la vida nos impidió ver. Valoramos a las personas, las plantas, los animales, la vida que nos rodea y aprendemos a amar y defender el planeta que habitamos.

 

La juventud, esa etapa de nuestra existencia con tantos proyectos que no llegamos a realizar, con el tiempo, se transforma en una vida más plena en la que aprendemos a juzgar con objetividad y justicia y llegar a tener la certeza de saber que, el tiempo se encarga de dar a cada quien lo que se merece.

 

Para concluir, el mensaje que quiero dejar al iniciar el año 2026 es que nos reconciliemos con el tiempo. Que dejemos de vivir la cultura de celebrar lo nuevo y denigrar lo viejo, como si vivir más tiempo fuera un castigo y no un privilegio.

Marcos Díaz Guillén

pediatra de la República Dominicana.

 

 

 

 

 

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