lunes, 17 de agosto de 2026

EL AIRE QUE RESPIRAN NUESTROS NIÑOS Y ENJENCIENTES Y LA ECOLOGÍA DE LAS ENFERMEDADES.

 

Es el mismo aire sucio y contaminado que todos estamos respirando. Que, en los extremos de la vida, puede convertirse en una catástrofe. En este ambiente, si el niño o el envejeciente se infectan con el virus de la gripe, el SARS-Cov-2 (Covid-19), el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) o el neumococo, no solo se enferman. Se complican y mueren.

 

 Que puede evitarse: trabajando para mejorar la calidad del aire que respiramos, respetando y cuidando el medio ambiente y vacunando a toda la población haciendo hincapié en niños y envejecientes para los que hay vacunas eficaces y seguras.

 

Para detener el cambio climático y el calentamiento global, objetivos del Desarrollo Sostenible para el 2030 hemos hecho muy poco. Y nos tiene sin cuidado el daño que le seguimos produciendo a la biodiversidad, favoreciendo la extinción de especies animales y vegetales, para que virus conocidos e incluso por conocer salten de otras especies a infectar a la especie humana.

 

La mayoría de las enfermedades hemorrágicas-virales y respiratorias de las últimas seis décadas se han producido a consecuencia de la incursión del hombre en los distintos ecosistemas vírgenes o en estado salvaje que por siglos han convivido en un equilibrio que, la actividad humana ha desestabilizado, con la quema y tala de árboles y la explotación minera que, en nuestra experiencia de país, solo nos han dejado ríos secos, tierra estéril, más pobreza, desolación y contaminación.

 

Por millones de años un tipo de murciélago que ha sido el portador del virus Henipah en el Sur de Asia, lo más que este virus había ocasionado a su huésped es una especie de resfriado común; pero, una vez que el virus es molestado en su equilibrio natural y abandona su huésped portador y salta a la especie humana, se convierte en un virus potencialmente mortal.

 

Los pueblos que nos jactamos de haber “avanzado” tenemos la clave para prevenir las epidemias y defendernos de los virus y bacterias que nos amenazan: dejando de ser unos intrusos, dejando a la naturaleza intacta y cuidando al medio ambiente. Protegiendo la vegetación y a los animales y respetando sus derechos, que los tienen. Cuidando todo lo que es vida y al planeta, que, si bien no es propiedad exclusiva de nadie, debe ser el hogar en el que niños, jóvenes y envejecientes podamos respirar aire limpio, para vivir más y mejor.

Marcos Díaz Guillén

pediatra de la República Dominicana.

 

 

 

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