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jueves, 17 de julio de 2014

El Poder Sanador De Un Abrazo

Kyrie y Brielle Jackson fueron dos prematuras nacidas de un embarazo y parto gemelar el 17 de octubre de 1995 en el Massachussets Memorial Hospital de los EE.UU. Ambas tenían pocas probabilidades de vida, tuvieron muy bajo peso al nacer y eran muy pequeñas para su edad de gestación. Sin embargo, Kyrie que fue la primera en salir y la que tuvo un peso ligeramente mayor, se fue recuperando sin mayores problemas.

Brielle entró en fase crítica y comenzó a jadear y su piel se tornó de un color gris azulado, su corazón se aceleró  y su muerte era inminente. La enfermera Gayle Kasparian hacía cuanto podía para reanimarla, pero la bebé seguía muy mal, con una concentración de oxígeno muy baja en su sangre y una frecuencia cardiaca tan alta, que la estaba llevando a un fallo cardiaco y muerte segura. La enfermera en ese instante recordó algo que había leído se hacía en algunos países de Europa, que consistía en poner juntos en una misma incubadora a los recién nacidos de partos múltiples si eran prematuros. Pidió permiso a los padres y violando las reglas del hospital trasladó a Brielle y la colocó junto a su hermana Kyrie. En cuanto la puerta de la incubadora se cerró, Brielle se acurrucó junto a su hermana e instintivamente aquella le echó su brazo encima, la abrazó. En cuestión de minutos, Brielle la que estaba casi muriendo ajustó su ritmo cardiaco y respiratorio a los de su hermana, su coloración de piel empezó a mejorar y su concentración de oxigeno medido en su monitor comenzó a normalizarse. Las niñas prematuras de Massachussets crecieron muy saludables, y quién sabe si aún duermen juntas.

Kyrie que estaba en mejores condiciones de salud solo hizo un pequeño esfuerzo, un pequeño gesto, echar su brazo sobre el cuerpo de su hermana, y esto fue suficiente para salvarle la vida. ¿Cuál de nuestros gestos, cuál de nuestras palabras pueden cambiar la vida de esa persona que nos rodea?, eso nunca lo sabremos. Y, ¿quién no lo necesita?. Por eso, sin ninguna vergüenza, abracemos, a la esposa, al esposo, al hijo, a la madre, al compañero, al amigo. Eso, quizás podría hacer la diferencia.


Porque abrazar es respirar juntos, es poner a ritmo mi corazón con el tuyo, es alegrarme con tu alegría y estar triste con tu tristeza, es sentir que estás ahí, es saber que estamos girando en la misma órbita alrededor del sol. Abrazar ahora es, recordar ese momento de felicidad que sentimos cuando un abrazo nos cambió la vida.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Niño Debería ir al Oftalmólogo


foto © Balamurugan Natarajan


En nuestro medio hasta en los pediatras existe la cultura de no enviar regularmente el niño al oftalmólogo, porque si el niño ve bien esa práctica parecería innecesaria. Lo correcto es, enviarlo en su primer año de vida, preferiblemente al cumplir los seis meses de edad aunque todo nos parezca normal .

El niño deberá ser referido al oftalmólogo pediátrico en su primer mes de vida si se trata de un recién nacido prematuro o de bajo peso al nacer. Y, en todo caso, deberá visitar ese especialista a los seis meses, a los tres y cinco años de edad.

Todo niño deberá ser visto por el oftalmólogo pediátrico en los primeros días de vida si al examen llama la atención alguna coloración anormal del ojo, si las córneas son más grandes de lo normal, si un globo ocular nos parece asimétrico respecto al otro, si la labor de parto ha producido algún trauma o hemorragia intraocular, si se sospecha una catarata congénita, si al niño le molesta la luz o si la madre en su historia nos informa que padeció alguna infección tipo toxoplasmosis, sífilis, rubeola, etc. en su embarazo.

Una pupila blanca es motivo de consulta urgente para descartar la existencia de una catarata congénita o un retinoblastoma, que es un tumor ocular maligno hereditario en un 40% y esporádico en un 60% de los casos. Por eso es tan importante la historia familiar, si en ésta encontramos antecedentes de catarata congénita, retinoblastoma o glaucoma, debe enviarse el niño a la consulta oftalmológica, aunque no presente signo alguno de enfermedad.

Los oftalmólogos pediátricos disponen de los medios y cuentan con las pruebas necesarias como para poder hacer un buen examen ocular del niño recién nacido y diagnosticar cuánto ve su niño aún a esa edad. A los tres y cinco años a todo niño se le hará un examen oftalmológico completo que incluya: agudeza visual, refracción, fondo de ojo y medición de la presión ocular.

Esperamos que tanto los padres como los pediatras estemos cada día más conscientes de la necesidad de examinar los ojos de nuestros niños, así estaremos contribuyendo a una mejor calidad de vida para ellos y para nosotros mismos.

Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo