sábado, 20 de julio de 2019

El niño y el calentamiento global


 El efecto invernadero que está padeciendo el planeta con el consiguiente calentamiento y cambios en el clima está afectando la salud de todos y en particular la de los niños. No hay que ser un experto para entenderlo. Lo estamos viviendo y yo quiero explicarlo de una manera simple. Hace una semana interné un niño de 10 años de edad que luego de permanecer 4 horas haciendo deporte al aire libre, sin haber ingerido agua y calorías suficientes, sintió mareos, escalofríos, dolor abdominal, taquicardia, deshidratación y vómitos sanguinolentos.

La actividad física en un ambiente caluroso como el nuestro, sin una buena hidratación, puede llevar a cualquier persona y particularmente al niño a lo que se conoce como “golpe de calor”. Un estado que se caracteriza por desvanecimiento, mareos, pulso débil y rápido, hipertermia, respiración difícil, pérdida de la conciencia y convulsiones.

A pesar de lo esencial que es el agua en la regulación de nuestras funciones orgánicas, nuestro cuerpo no tiene la capacidad de almacenarla y, por el contrario, sin darnos cuenta perdemos dos litros y medio de agua cada día. 1, 500 ml. por la orina, 150 ml por las evacuaciones, 350 ml por el sudor y unos 500 ml por el solo hecho de respirar. Si al niño, que de hecho vive en movimiento se le exige en un campamento de verano   que duplique o triplique su actividad física, los riesgos de deshidratación aguda y sus complicaciones son muy altos.

El agua regula la temperatura y humedece el aire que respiramos, es un elemento esencial en la sangre para que esta no se vuelva espesa y pueda llevar suficiente oxígeno a nuestros tejidos y órganos vitales. Es esencial en la producción de líquido cefalorraquídeo por el cerebro. En el oído humano las ondas sonoras se transmiten a través del agua y la luz se refleja a través del agua en nuestros ojos. No hay buena saliva sin agua, y sin saliva no habrá una buena digestión y absorción de los alimentos.

En conclusión: es saludable hacer deporte y actividad física al aire libre, sin olvidar que vivimos en un planeta que cada día se hace más caliente y en el que todos, y particularmente los niños, que si no los cuidamos, podrían ser los más perjudicados.

Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana.



martes, 9 de julio de 2019

Día del maestro y la función social del médico


Desde 1994 se celebra el 5 de octubre como el día mundial del docente. Muchos años antes, en 1939 Don Virgilio Díaz Ordóñez Secretario de Educación, había declarado el 30 de junio “Día del Maestro Dominicano” en honor a los hombres y mujeres que en la R.D. se dedicaban a la noble labor de educar a nuestros hijos.
                                                    
En la formación de los recursos humanos, médicos o de cualquier otra profesión, la mayoría de nuestras instituciones no inculcan a sus estudiantes la conciencia de que son líderes de la sociedad, y que, para serlo de verdad, es necesario revestirse de una gran sensibilidad social. “Existe una relación directa entre los estados de salud y la pertenencia a un determinado estrato social, y es por eso, que la medicina no puede ser indiferente ante el papel que juegan las desigualdades sociales en el campo de la salud. La indiferencia casi generalizada de los médicos por lo social se debe a la carencia de formación en las ciencias sociales, ya que estas desempeñan un papel trascendental que nos permite entender los fenómenos que inciden en el destino de los individuos agrupados en sociedad, lo cual es invaluable en la formación médica”. La frivolidad de la educación doméstica que damos a nuestros hijos donde lo principal es el ascenso social y económico unido a Institutos y Universidades exclusivamente académicas, formadoras de profesionales alejados de las aspiraciones del conjunto social en el que viven, están dando como resultado, médicos que en su mayoría no entienden la función social de su profesión. Lo que lamentablemente nos hace coincidir con Fdo. Sánchez Torre cuando afirma que la mediocre formación de los médicos debe considerarse como un pecado de “lesa sociedad”. 

“No es suficiente aspirar a tener acceso a un buen médico y a sofisticados recursos diagnósticos y terapéuticos, sino que también tendríamos que luchar por una sociedad más justa si queremos mejorar la salud de todos. La salud entonces, pasa a convertirse en un asunto ético-social y político en el que todos tenemos algo que decir; y en el que todos tenemos mucho que hacer” (Javier Segura del Pozo, salubrista español en su libro “Desigualdades Sociales en salud”). Algo que el maestro formador de médicos debe tener presente.

FUENTE: Fernando Sánchez Torre, médico y académico colombiano. El Tiempo, 17 de septiembre/2014.

Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana




jueves, 4 de julio de 2019

Más allá de la ciencia, la medicina y la tecnología


No importan los avances de la ciencia, la medicina y la tecnología. No importan los recursos que se dispongan para atacar o prevenir una enfermedad o epidemia. Se necesita de una sociedad de individuos comprometidos, una sociedad superada en valores y en nivel educacional. Se necesita de una sociedad que en sus estratos más altos: empresarios, ministros, legisladores y gobernantes se tenga bien claro lo que significa “desarrollo”, si es que deseamos avanzar.

La persistencia del más reciente brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) así lo confirma. De muy poco han servido las ayudas, los esfuerzos de investigadores, médicos y científicos quienes han trabajado muy duro en el desarrollo de vacunas y tratamientos para prevenir nuevos brotes a raíz de los que se produjeron en África en los años 2013 y 2016. El brote actual (2019) que se inició en la RDC y que ya ha penetrado Uganda, ha infectado cerca de 2000 personas de las que 1, 400 han fallecido. Porque hay factores que van más allá del dinero, la ciencia, la tecnología y la investigación. Y eso, es válido no solo para África, sino también para nuestro país y muchos otros en nuestra América.  

Ningún programa de salud pública puede funcionar sin el apoyo de la sociedad, pero una sociedad que permanece en la ignorancia y la insalubridad no está en capacidad de dar ese apoyo. En este contexto, hasta las abundantes fuentes de información de que disponemos se convierten en un arma contra nosotros mismos, porque se nos hace difícil reconocer quién nos está engañando o diciéndonos la verdad.

Este panorama que no es solo nuestro, pero que, entre nosotros es cada día más grave, nos conduce a un mismo objetivo: EDUCACIÓN.  Porque educar, es la medicina que erradica la ignorancia y nos convierte en individuos en capacidad de colaborar y aportar para nuestro propio desarrollo. Pero, para conseguirlo, nuestros líderes y gobernantes con sus hechos deberán hacerse merecedores de nuestra confianza.

Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana.