miércoles, 9 de agosto de 2017

El niño, la ausencia del padre y sus cromosomas

La falta del padre durante la niñez tiene consecuencias negativas en la salud y conducta del niño, pero sus repercusiones biológicas hasta ahora no las conocíamos. Un estudio publicado recientemente en la revista  Pediatrics revela, que si el padre se ausenta del hogar por separación, divorcio, encarcelamiento, muerte etc., esta experiencia  se puede asociar con alteraciones biológicas celulares como las “fallas en el tamaño del telómero”.

A los 9 años de edad, los niños con padres ausentes, reducían el tamaño de sus telómeros en un 14%, y si el padre había fallecido aumentaba a un 16%. Y, ¿Qué son los telómeros?, son pequeñas porciones de ADN que forman los extremos de los cromosomas, con la función específica de mantener la integridad de las terminaciones cromosómicas, impidiendo que estos se enmarañen y se adhieran unos a otros, y ayudando a que los cromosomas homólogos se emparejen.

Hace más de una década investigadores  del Instituto Karolinska en Estocolmo realizaron estudios en los que demostraron cómo el medio ambiente y las circunstancias en que nace un bebé podían modificar sus genes. Al momento de nacer, si el feto no pasa por el estrés beneficioso de la labor de parto y tiene que nacer por cesárea, en ese momento, se van a activar y desactivar muchos de sus genes. Encontraron, que por un proceso de metilación genética se alteraban en más de 300 regiones del ADN de los recién nacidos  zonas relacionadas con la respuesta inmune, predisponiendo a estos bebés a más altas probabilidades de padecer asma, obesidad, diabetes tipo 1, leucemias etc. Por lo tanto, lo que somos, no está en nuestro ADN  desde que nacemos, sino, que puede ir cambiando a lo largo de nuestras vidas dependiendo de nuestras vivencias, para al final ser lo que somos.

El ser humano tiene su espiritualidad. Nuestro cuerpo, no es más que el continente donde se aloja nuestra psiquis y nuestra espiritualidad. Las experiencias de la infancia van a moldear no solo nuestra conducta, sino también nuestros genes y las posibilidades de enfermar o vivir más y mejor. Es deber de  padres, educadores y tutores, fomentar la espiritualidad en nuestros niños. Enseñarles a orar, a meditar, a ser agradecidos y compadecidos con los demás, a servir. Así, estaremos creando las condiciones que favorezcan su salud física, un mejor comportamiento de sus genes y un buen crecimiento espiritual. Y, nada de esto tiene que ver con religión, aunque alguna promueva estos valores.

Debemos interesar a nuestros niños por las artes, los deportes, el buen cine, la música, el teatro y la  lectura etc.,  porque son alimento para el espíritu. Hagamos de nuestros hogares y de nuestro país el habitat donde los niños puedan vivir las experiencias que les ayuden a ser mejores personas. Y llegarán a ser  felices. Que debe ser nuestro objetivo fundamental, más importante que darles una profesión, que también es importante.  

Referencia: Colter Mitchell and Cols.” Father Loss and Child Telomere Length”. Pediatrics: August/2017,Volume 140/ISSUE 2 .
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana

miércoles, 2 de agosto de 2017

Obesidad: un problema médico, ético y social

Si bien es cierto que conocemos los efectos que la obesidad ejerce sobre la salud física del niño y el adulto, sus consecuencias sociales no las conocemos muy bien. ¿Cómo puede la obesidad afectar la personalidad del individuo y su relación con los demás?, ¿cómo puede repercutir a largo plazo en su vida?, ¿cómo los distintos actores sociales estamos contribuyendo a su solución? Todavía no lo sabemos del todo. Entonces, hay que reconocer que la obesidad, no es solo un problema médico, sino también ético y social.

Las consecuencias emocionales de la obesidad incluyen, baja estima, una percepción negativa del propio cuerpo y depresión. Toda actitud o acción que estimule estas consecuencias debe ser considerada como un serio problema ético. El pediatra como médico de atención primaria, el educador, el endocrinólogo y nutricionista infantil, y el psicólogo escolar de manera coordinada con los padres, deberán unir esfuerzos y tomar en cuenta las distintas variables que afectan al niño obeso, para la obtención de los mejores resultados.

Los prejuicios que tenemos ante el niño o adulto obeso, nos llevan a convertirlos en objeto de burlas y discriminación con la creencia de que con ello vamos a motivar a la persona a perder de peso, o a pensar, que el obeso falla porque es un individuo indisciplinado o que no tiene fuerza de voluntad. Y es que, la sociedad culpa constantemente a la víctima en vez de crear las condiciones que contribuyan  a resolver su problema.

En un estudio de Van den Berg et al. Se encontró que un 25% a un 50% de los niños obesos objeto de burlas por sus compañeros, eran rechazados por sus propias familias. Por otra parte, no hay dudas que existe cierta predisposición hacia el adulto obeso en los lugares de trabajo. Y, que el niño obeso, tiene altas probabilidades de ser un adulto obeso, para seguir sufriendo en su adultez la discriminación y burlas que padeció cuando era niño.

En un estudio que abarcó 400 médicos, estos, pasaban menos tiempo examinando a sus pacientes obesos y eran menos proactivos en su relación. Se observó que los medios también discriminan, pues en los casting, las apariciones en T.V. y otros medios de comunicación  rechazan a los obesos.

En conclusión, la obesidad infantil, una epidemia mundial de la sociedad actual, puede repercutir a largo plazo con adultos obesos. Es una condición que debe  prevenirse y tratarse desde distintos escenarios, no solo desde el aspecto médico, dietético y metabólico. Sino también, desde el aspecto ético, educativo, psicológico y social, evitando los estigmas y predisposición hacia el niño y adulto obesos, muchas veces víctimas de nuestros prejuicios.


Referencia: Reginald L. Washington, MD, Childhood Obesity: Issues of Weight Bias, CDC.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana

lunes, 31 de julio de 2017

Los Opiáceos: Una Epidemia en los EE.UU.


Alton Banks, es el nombre de un niño de 10 años que murió por una sobredosis de fentanil convirtiéndose en una de las víctimas más jóvenes de la epidemia por uso de opioides que hay en los EE.UU.  Esta muerte, no se debió a que el niño ingirió la droga, sino, que se cree, que tocó una toalla contaminada en la piscina en la que se divertía. Una tragedia sin sentido por la irresponsabilidad de alguna otra persona adicta al fentanil, un opiáceo muy potente.  Los opiáceos son alcaloides presentes en el opio, una sustancia lechosa que se extrae de la amapola, pero este término se ha usado erróneamente para referirse a todas las drogas con acción farmacológica similar al opio y la morfina. La sobredosis de drogas (opiodes) para el tratamiento médico del dolor crónico, es la causa principal de muerte no intencional en los EE.UU. y un enorme problema de salud pública en ese país.


  • 78 estadounidenses mueren cada día por sobredosis de opiáceos, que incluyen los medicamentos recetados para el dolor y la heroína.
  • 28, 000 personas perdieron la vida por sobredosis de opiáceos en el 2014.
  • 100 millones de personas en los EE.UU. padece alguna forma de dolor crónico  que necesita medicamentos o analgésicos opiodes para soportarlo.
  • US$ 70,000 millones anuales pagan las aseguradoras por las atenciones médicas derivadas del uso de estos fármacos con fines NO médicos.
  • El 4% de la población adulta (10 millones) de los EE.UU. usó opiodes como Oxycontin y Vicodin de forma contraria para lo que fueron recetados entre los años 2012 y 2013.
  • 2.1 millones de adultos en los EE.UU. cumplen con los criterios para ser considerados adictos a esas drogas.
  • 500 mil visitas llegan cada año a las emergencias de sus hospitales por  el uso indebido de analgésicos. Estos datos, son estadísticas oficiales de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los EE.UU.

La triste realidad que está viviendo la gran nación americana debería ser el espejo en el que nos miráramos todos los pueblos del mundo. Realidad que está obligando a las academias de ciencias y asociaciones médicas especializadas de los EE. UU. a replantearse y revisar las licencias y libertades que nos hemos tomado no solo con el uso y prescripción de los analgésicos, sino también con los antibióticos y muchos otros fármacos, para convertir a la medicina en algo peor que la enfermedad.

Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo
Santo Domingo, República Dominicana

miércoles, 19 de julio de 2017

Los oidos, su limpieza y riesgos

Desde que Leo Gerstenzang inventó el hisopo en el año 1923 al ver a su esposa limpiar los oídos de su bebé con un palillo. Y,  aunque este dispositivo suele tener múltiples usos, la principal aplicación que las madres todavía le dan es, limpiar los oídos de sus hijos. Los pediatras recomendamos limpiar las orejas, no el canal. Que si se sospecha un daño, cuerpo extraño o tapón de cerumen, se visite al pediatra o al otorrino.  Que dejen a un lado la manía por remover la cera, porque ésta, es un material de protección del oído, que tiene su propio mecanismo para removerla.

Existe un estudio que abarcó desde el año 1990 al 2010 en el que se estimó que más de 263, 000 niños menores de 18 años fueron atendidos en las emergencias de distintos hospitales de los EE.UU., con daños relacionados a la introducción de objetos en los oídos. Los más afectados fueron los niños de 0 a 3 años de edad cuyas madres intentaron limpiar sus oídos, representando el 73. 2%. Y las causas más frecuentes de las visitas fueron: limpieza del oído del niño por sus madres, auto limpieza en los mayores, sensación de cuerpo extraño, sangrado de oídos, impactación de cerumen y perforación del tímpano. El estudio en cuestión se realizó utilizando “The National Electronic Injury Surveillance System” (NEISS), una base de datos representativa que describe la epidemiología y los daños asociados al trauma de oídos en edades pediátricas por el uso de objetos en el canal auditvo.

Los primeros reportes que relacionaron la introducción de hisopos en el oído y sus riesgos, se conocieron en 1972 citando perforaciones de la membrana del tímpano, otitis externas e impactación de cerumen. Y si bien es cierto, que la mayoría de los casos son despachados a sus casas, también es cierto, que hay secuelas de tratamientos a largo plazo como son los casos de perforaciones timpánicas, pérdida de audición, luxación de los huesecillos del oído, parálisis facial, y algunos casos s reportados de abscesos cerebrales y meningitis.

Aunque las lesiones del oído por “limpieza “realizadas en el hogar han disminuido, no hay dudas que todavía su prevalencia es alta, por lo que es necesario recordar a las madres, que esa práctica sencilla y aparentemente inocua, puede ser  peligrosa.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana









miércoles, 12 de julio de 2017

El huevo: proyecto lulun

Un estudio realizado por la Universidad de Washington en St. Louis y la Universidad San Francisco en Quito, Ecuador, demostró, que comer un huevo diario puede hacer que los niños mal nutridos crezcan más y mejor. Los primeros años de vida son críticos para el crecimiento y desarrollo de los niños. Y, cualquier retraso del crecimiento en esos primeros años, casi siempre es irreversible, siendo la malnutrición  una de sus principales causas. (Lulun, en la lengua quechua de los aborígenes andinos significa huevo).

Se partió de la hipótesis de que el huevo, es una buena fuente nutricional, y que la introducción temprana del mismo una vez iniciada la alimentación complementaria del niño, iba a mejorar su crecimiento y desarrollo. Este proyecto, fue un estudio controlado y aleatorio que se realizó en la provincia Cotopaxi en Ecuador de marzo a diciembre/2015, en niños entre las edades de 6 a 9 meses. Hay que recordar, que la provincia Cotopaxi, tiene una de las prevalencias más altas en el retraso de talla y peso en sus niños preescolares según su Encuesta Nacional de Salud y Nutrición  2011/2013.

Participaron 160 niños divididos en dos grupos de 80; a un grupo se le dio a comer un huevo diario por 6 meses, sin importar la forma en que fue cocinado, y con el otro grupo, no se hizo ninguna intervención nutricional. Los investigadores visitaron a las familias participantes una vez por semana para distribuirles los huevos, supervisar su consumo y registrar posibles efectos adversos. No se reportaron alergias o cualquier otro efecto no deseado.

Encontraron que la incidencia de retraso en la talla entre los niños que se alimentaron con un huevo diario por seis meses, fue de un 47% menor comparado con el grupo control. Y, la incidencia de los niños con un peso por debajo de lo normal se redujo impresionantemente en un 74%. El consumo diario de un huevo en estos niños, aumentó la marca que alcanzaron en las tablas estandarizadas y de referencia de peso y talla para cada edad.

El estudio o proyecto Lulun confirmó la hipótesis de que la introducción temprana del huevo en la alimentación, distinto a lo que se creía, mejora significativamente el crecimiento y desarrollo de los niños en riesgos de malnutrición. “El huevo, es de fácil adquisición para las poblaciones más vulnerables a las hambrunas escondidas o a las deficiencias nutricionales”. Lora Lannotti, nutricionista infantil, líder de ésta investigation.

Referencia: Eggs in Early Complementary Feeding and Child Growth: A Randomized Controlled Trial. Lora
Lannotti and Cols. Pediatrics, July/2017, Volume 140/ISSUE 1.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana





miércoles, 5 de julio de 2017

Lactancia materna: otros beneficios poco conocidos

La OMS nos dice algo que no sabíamos, “que los beneficios de la lactancia materna no se limitan al tiempo del amamantamiento, sino, que perduran para toda la vida”.
Amanda Sacker, investigadora del Colegio Universitario de Londres dirigió un estudio que abarca desde la década de los 50 hasta la fecha con decenas de miles de niños a los que se les dio seguimiento hasta que fueron adultos. Concluyendo, que la lactancia materna es un factor determinante para lograr un mayor ascenso social. Y si bien es cierto que en éste hecho inciden muchos factores, dejó claro, que la inmensa mayoría de los niños que tomaron el seno materno, superaron a sus padres sociocultural y económicamente cuando fueron adultos, al compararlos con los no amamantados.

Lactancia materna y enfermedad de Kawasaki: esta es una seria enfermedad que se caracteriza por una inflamación de todas las arterias del organismo principalmente las arterias coronarias. Se conoce en todo el mundo, siendo más frecuente en Japón. Takashi Yorifuji y colaboradores dirigieron en ese país un estudio entre los años 2010 y 2016 encontrando que los niños amamantados, fueron internados con esa enfermedad en un porcentaje muy inferior que los alimentados con formulas maternizadas.

Lactancia y leucemia infantil: este, es un cáncer que aparece en la edad pediátrica con relativa frecuencia y cuyas causas no están aún muy claras. Efrat Amatay y Lital Kenian-Boker investigadores de la Universidad de Haifa en Israel en el año 2015 publicaron una investigación donde concluyen, que los niños amamantados, tienen un 19% menos de padecer ésta grave enfermedad.

Lactancia y sistema cardiovascular del prematuro: cuando un niño nace antes del término, su sistema cardiovascular tiene aún que madurar en su función y estructuralmente, y, no hay dudas, que para esto, la nutrición juega un papel fundamental. Adam J. Lewandowski y cols. Publicaron en Pediatrics la revista oficial de la Academia Americana de Pediatría en julio/2016, una investigación donde demuestran que los ventrículos y aurículas de los niños amamantados son más fuertes y que su volumen de eyección de sangre en cada latido es mayor al compararlos con los niños que usaron formulas.

Lactancia y autismo: esta condición, cuyas causas aún son desconocidas,  que se diagnostica en la niñez y que persiste por toda la vida. Que en la actualidad es alarmante en su frecuencia de 1 caso por cada 70 nacimientos, la genética, es quizás el factor más importante en su aparición. La leche materna, puede prevenir ésta condición en aquellos niños con esa predisposición genética según un estudio dirigido por Kathleen Krol, Leipzig, Alemania, publicado en octubre/2015 en “The Proceeding of the Natural Academy of Sciences”. Para el 2013, ya se conocía la importancia del I G F, Factor de Crecimiento Insulínico, proteína importante en el desarrollo del cerebro humano. La leche materna, previene la carencia de este factor cuya deficiencia es indicador de autismo.

Desde hace muchos años, sabemos que la leche materna en el primer año de vida del niño, y si éste la toma de manera exclusiva por lo menos seis meses, le protege contra muchas enfermedades, le evita internamientos hospitalarios permitiéndole crecer saludable. La lactancia le aporta unos elementos que ninguna otra leche le puede aportar: lactoferrina, hormonas, anticuerpos, oligosacáridos, células madre etc. Ante tales evidencias, y, reconociendo que cada día hay nuevos descubrimientos respecto de este alimento conocido como el “oro biológico “. Debo afirmar, que negarle a un niño recién nacido el derecho a amamantarse, debería ser considerado ya, como un abuso o maltrato infantil.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana






martes, 4 de julio de 2017

El ejemplo para una crianza responsable sin miedos


El ejemplo de los padres influye mucho de cómo el niño se relaciona con los demás. Porque nuestros hijos nos van a imitar, no por lo que les digamos que es importante, sino más bien por lo que hacemos. Enseñarles a ser agradecidos, siendo nosotros los primeros, dando las gracias aún por las acciones más simples, los buenos días y las buenas noches etc.  –  Que el niño lo oiga y lo vea  –  Y que los padres se respeten entre sí y respeten a los demás, incluyendo a la niñera y otros trabajadores. Porque lo cortés no quita lo valiente. Así, podremos lograr el hombre nuevo en la sociedad nueva a que aspiramos. Con un niño saludable y feliz, seguro de sí mismo,  instruido  en la escuela y educado en el hogar.

Al niño desde muy pequeño hay que enseñarle a ser selectivo con las personas con las que puede y con las que no debe relacionarse. Enseñarle que puede hablar con las personas que son amigas y conocidas por sus padres, y a no establecer conversación con desconocidos. No es educarle en el miedo, sino, protegerlo de la maldad existente. Hacerle consciente del  derecho que tiene a defender su integridad física y emocional. Y, una manera es, enseñarle a no establecer vínculos con extraños si sus padres no están presentes.

El niño debe saber además, que no puede recibir dádivas si está solo y menos  de alguien a quien no conoce,  y que ningún adulto, tiene por qué pedirle ayuda. Porque eso no es lo normal,  lo normal es, que el niño, si está en problemas, sea él quien pida la ayuda del adulto. Repito, esta no es la crianza del miedo, es más bien, la protección responsable del derecho del niño a ser feliz, a no ser vulnerado, y eso, él debe saberlo.  

Si los padres inculcamos a nuestros hijos los valores de una formación basada en el ejemplo, una crianza responsable y sin miedos. Amor al trabajo, honestidad, agradecimiento, amor y compasión por las demás personas, por su país y su medio ambiente, estaríamos sentando las bases más solidas para un verdadero desarrollo. Porque cualquier otro  “desarrollo “que no tome en cuenta estos valores, no es más que un laborantismo ineficaz para más subdesarrollo. 
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana