jueves, 21 de enero de 2021

LAS CITOQUINAS Y LA COVID-19

 

Las citoquinas son proteínas producidas por nuestro sistema inmunológico para protegernos de las agresiones de virus y otros patógenos. Estas proteínas regulan la inflamación y desinflamación de nuestro organismo. Ante una infección la producción de citoquinas puede ser muy exagerada y dar lugar a una “tormenta de citoquinas”, que es lo que se ha visto en niños después de haber estado en contacto con el nuevo coronavirus y que han desarrollado un síndrome inflamatorio multisistémico que se parece bastante a otra enfermedad inflamatoria severa propia de los niños por debajo de los cinco años que conocemos como enfermedad de Kawasaki.

 

La mayoría de los pacientes con COVID-19 experimentan síntomas leves o son asintomáticos, sin embargo, otros presentan niveles de gravedad que requieren de cuidados intensivos. Por lo tanto, es muy importante saber por qué y cómo los pacientes asintomáticos reaccionan de esa manera a la infección por el SARS-Cov-2 y por qué otros evolucionan hacia la gravedad y la muerte.

 

Recientemente se publicó el primer estudio que demuestra que en los primeros días de la infección por el SARS-Cov-2 existen niveles significativamente altos de Inter Leukina 12 e Inter Leukina 2 (IL-12, IL-2), en pacientes infectados asintomáticos o de manera moderada. Estas citoquinas, sin embargo, se encuentran en niveles muy bajos en los pacientes severamente afectados por el SARS-Cov-2 en la fase aguda de la infección.

 

 La determinación de los niveles de estas sustancias, podría jugar un papel importante para saber el pronóstico o evolución de la enfermedad en una persona infectada por el nuevo coronavirus y así, poder iniciar con anticipación un tratamiento más agresivo en las personas que estando contagiadas revelen niveles bajos de esas citoquinas en la fase temprana de la enfermedad.

 

La acción pro inflamatoria de las citoquinas ante una agresión por el SARS-Cov-2 o por cualquier otro virus, debe acompañarse de una acción antiinflamatoria de otras citoquinas para conservar el equilibrio normal en nuestro organismo. Es parte de los enigmas la ciencia. La buena noticia es, que existen grandes posibilidades en esa misma ciencia, en la genética y la inmunología para el tratamiento futuro de tantas enfermedades que hoy afectan a la humanidad.

 

REFERENCIA: Early differences in cytokine production distinguish severity of COVID-19.

                        Lidya Handayani, MD, and cols. Division of Clinical Virology, Center for

                        Infectious Diseases. Kobe University Graduate School of Medicine. Japan.


Dr, Marcos Díaz Guillén

Pediatra-neonatólogo

Santo Domingo

República Dominicana.

 

domingo, 17 de enero de 2021

Por qué las vacunas contra COVID-19 no se aplican a ninos menores?

 

  Las grandes farmacéuticas reconocidas internacionalmente aplican con rigurosidad la metodología científica, y cuando elaboran un producto y hacen sus estudios para un rango de edades, recomendarán dichos productos solo para las personas que estén dentro de ese rango. Y es sabido que, las nuevas vacunas contra Covid-19 se han investigado y producido para ser administradas solo a individuos sobre los 16 años y, aunque también sabemos que los niños desde recién nacidos y a cualquier edad pueden enfermar por Covid-19, la mayoría no se enfermarán con la gravedad que lo hacen los adultos y muchos podrán dar positivo sin presentar síntomas.

 

Si todos los adultos llegáramos a estar vacunados en algún momento, las posibilidades de ser contagiados por un niño serían remotas, por lo tanto, mientras más rápido se detenga el virus en el adulto, menores serán las probabilidades de que esto suceda o que el virus pueda mutar a una variante más agresiva. Esto, se va a lograr cuando dispongamos de las vacunas. Sin olvidar que al mismo tiempo deberán seguirse implementando de manera rigurosa las medidas individuales, colectivas y gubernamentales para evitar los contagios.

 

Muchos estudios revelan que es poco probable que los niños menores de 10 años otros sugieren que hasta los 14 años, se infecten con el virus cuando se comparan con las personas sobre los 20 años de edad. La hospitalización en los niños es muy baja, sin embargo, los que ameritan hospitalización a veces necesitan cuidados intensivos y pueden llegar a desarrollar el síndrome inflamatorio multisistémico que es una complicación severa del que la mayoría de ellos salen sin problemas.  De ahí por qué las vacunas no se apliquen de inicio en los niños menores, y con ello, estamos respondiendo a muchos padres y madres.

 

Es oportuno señalar que, aunque la enfermedad ataca suavemente a los niños pequeños, los que tienen alguna enfermedad de fondo: obesos, asmáticos, falcémicos, diabéticos, enfermos renales y cardiacos, están en un riesgo mayor de enfermar gravemente si se contagian con el nuevo coronavirus. No hay dudas entonces, que una vez logrado detener la pandemia, la comunidad científica deberá encaminar sus esfuerzos para lograr que las vacunas puedan prevenir los posibles brotes futuros de COVID-19 en toda la población incluyendo a la mujer embarazada y a los niños pequeños.

Dr. Marcos Díaz Guillén

Pediatra-neonatólogo

Santo Domingo

República Dominicana.

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 9 de enero de 2021

QUÉ DEBIÓ ENSEÑARNOS EL 2020 Y QUÉ DEBIMOS APRENDER?

  Que el ser humano es más frágil y vulnerable de lo que creíamos. Que la salud y la familia son el bien más preciado, más que cualquier propiedad material. Que la solidaridad, la justicia, la igualdad y la compasión entre las personas, son virtudes que debemos practicar sin esperar a que una catástrofe mundial nos obligue.

 

Que nunca hemos tomado en serio las advertencias de los expertos que nos han dicho que debemos trabajar más eficazmente como gobiernos y como sociedad para prevenir o minimizar los efectos de las enfermedades potencialmente catastróficas que desde hace tiempo nos amenazan. Porque la COVID-19 no es la primera ni será la última pandemia que sufrirá la humanidad. Lamentablemente, otras pandemias están por venir y, es nuestra responsabilidad prevenirlas o reducir considerablemente sus efectos si llegaran a producirse.

 

 La OMS advierte a los países, a los gobiernos y a los habitantes del planeta sobre 10 amenazas a las que debemos poner atención, porque se pueden prevenir, y porque en su mayoría son el producto de la actividad humana: 1) La gripe pandémica. 2) La precariedad de la salud por los conflictos armados. 3) El cólera. 4) El resurgimiento de la difteria y otras enfermedades que se habían controlado. 5) La malaria o paludismo. 6) Las catástrofes naturales. 7) La Meningitis. 8) La fiebre amarilla. 9) La malnutrición y 10) La intoxicación alimentaria.

 

Mucho depende de nosotros. De la desigualdades e injusticia existentes. En un mundo donde el 2% de la población posee el 90% de la riqueza del planeta. Un ejemplo: los conflictos bélicos producto de la ambición de gobiernos y potencias mundiales, siguen asolando los sistemas de salud en todo el mundo, desde Yemen hasta Ucrania, desde Sudán del Sur hasta la República Democrática del Congo donde las estructuras sanitarias y su personal son el blanco de las partes combatientes, teniendo como resultado miles de niños y adultos sin acceso a las vacunas y a la asistencia médica con el resurgimiento de enfermedades que se están propagando por todos los continentes.

 

Ojalá que la experiencia vivida en este año que ya termina y las que todavía tendremos que vivir debido al SARS-Cov-2, nos enseñen a ser mejores personas, a escoger mejores gobernantes y aprender a encontrar la felicidad proporcionando el bienestar y la felicidad de los demás.

Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana.

domingo, 20 de diciembre de 2020

LOS ABUELOS HOY MÁS QUE NUNCA

 

Al acercarse la navidad, es bueno que reflexionemos sobre aspectos de esta pandemia que no son medibles por las estadísticas. Y es, cómo esta enfermedad está impactando en los abuelos, una parte muy sensible de la familia que, por su edad, son los más afectados por la COVID-19, y que también afecta a la población infantil por el rol que ellos juegan en la educación y desarrollo del niño.  

 

En los EE.UU. un país rico, hay 2. 4 millones de abuelos cuidando a sus nietos, haciendo malabares con los factores estresantes de la pandemia, entre estos, la educación a distancia, el aislamiento social y las limitaciones económicas. Y, ¿qué pasa en nuestros países con los abuelos, los niños y la pandemia? Lo mismo, pero de manera exponencial. Porque cada día son más los padres encargados de mantener a pesar de sus precariedades a las hijas solteras que se embarazaron y a sus nietos; multiplicando milagrosamente el pan y aportando con su pequeña pensión si es que la tienen, la que comparten con un amor sin límites entre todos.

 

En otro orden, la abuela que decidió criar a su nieto que tiene alguna discapacidad, está renunciando a todo, a su libertad y al tiempo de tranquilidad al que tiene derecho. Le está brindando a ese niño especial la estabilidad emocional que se le da a la persona que se sabe amada, está manteniendo su identidad racial y cultural, y le está dando el sentido de pertenencia que ella sabe dar. Quizás con la íntima convicción en medio de esta calamidad mundial que, al llevar a su niño a la cama, pudiera estar dándole su último abrazo.

 

Los abuelos son transmisores de experiencias, son el hilo conductor entre una generación y otra, y, tienen la paciencia para explicar y dar a conocer las vivencias que han marcado a la familia, aportando al niño el sello de su identidad familiar. El niño a su vez, es un educador de sus abuelos, porque les motiva a ser más activos y creativos en una etapa de la vida en la que la depresión es común.

 

  No permitamos que la COVID-19 pueda romper esos vínculos. Hoy más que nunca debemos estar ahí, bien atentos. Porque si la abuela (o) desaparecen, quién le dará al niño esa magia que solo los abuelos saben dar.

Dr. Marcos Díaz Guillén

pediatra-neonatólogo

Santo Domingo

República Dominicana.

 

 

 

lunes, 14 de diciembre de 2020

UNA LUZ AL FINAL DEL TUNEL

 

El año 2021 será un gran año para nuestro país y para la humanidad. Muchas cosas se habrán de recomponer y, los habitantes de la tierra, nos recuperaremos del terrible trauma de la pandemia, como lo supimos hacer con los traumas que nos produjeron la primera y la segunda guerra mundial. Empezaremos a dar pasos más firmes para la prevención de los grandes conflictos y las otras grandes epidemias que nos amenazan.

 

Hace apenas unos días los EE.UU. e Inglaterra informaron que antes que termine el 2020 iniciarán campañas masivas de vacunación contra la COVID-19 y nuestro país anunció, que se había avanzado el dinero para la adquisición de 10 millones y más delante de 4 millones más de dosis para comenzar a vacunar a 7 millones de dominicanos en el primer trimestre del próximo año.

 

Hace apenas dos semanas EE.UU. emitió una autorización del uso de emergencia de dos medicamentos anticuerpos monoclonales: el Casirivimab y el Imdevimab para su administración en los casos de COVID-19 de leves a moderados en adultos y niños mayores de 12 años con resultados positivos contra el SARS-Cov-2. Su uso es solo para pacientes contagiados que tienen un alto riesgo de evolucionar a la gravedad y la muerte, demostrando que son altamente preventivos. Los anticuerpos monoclonales son proteínas producidas en el laboratorio que imitan al sistema inmunológico humano y que combaten a patógenos dañinos como son los virus. Se les llama monoclonales, porque son copias sintéticas creadas a partir de un clon de un anticuerpo específico que se ha encontrado en la sangre de personas que se han recuperado de la enfermedad.

 

 He leído recientemente de un nuevo fármaco antiviral (aún en estudios), el Molnupiravir, que se afirma suprime por completo la transmisión del SARS-Cov-2 en solo 24 horas para uso oral y, que bloquea rapidamente la transmisión de la enfermedad.

 

En fin, terminando el año y casi en la navidad, pienso que la ciencia, las vacunas, los fármacos que la industria seria y responsable está produciendo y la experiencia vivida por la humanidad desde finales del año 2019 y durante todo el año 2020, que el año 2021 será un gran año. Y, para nosotros particularmente, será el tiempo para recomponer muchas cosas. El tiempo para convivir de manera más civilizada. El tiempo para volver a ser optimistas.

Dr. Marcos Díaz Guillén

pediatra-neonatólogo

Santo Domingo

República Dominicana.

 

 

 

 

 

lunes, 7 de diciembre de 2020

HIDROXICLOROQUINA E IVERMECTINA CONTRA LA COVID-19 (??)

 

Desde que apareció la enfermedad COVID-19 se está buscando una vacuna para prevenirla, y se ha estado experimentado con fármacos para tratarla.  Pero la realidad es, que las estrategias más efectivas por el momento se limitan a intervenciones no farmacológicas.

 

En un ensayo abierto y aleatorio realizado en Cataluña, España, que incluyó a 2, 314 contactos sanos de 672 pacientes casos índice con COVID-19 entre el 17 de marzo y el 28 de abril, 2020. Se asignaron al azar un total de 1116 contactos para recibir hidroxicloroquina y 1198 que recibieron la atención habitual no farmacológica. Los resultados fueron similares en un grupo y otro respecto al comportamiento de la enfermedad.

 

El uso de medicamentos para prevenir algunas enfermedades o brotes infecciosos aplicados a personas sanas, es una práctica frecuente en medicina. Sin embargo, con la aplicación de hidroxicloroquina en este ensayo se concluyó que esta droga no previno la infección.

 

Ivermectina: no hay dudas que es necesario que podamos disponer de una vacuna y algún medicamento con perfiles de una buena bioseguridad contra esta enfermedad que está dañando la salud y deteriorando la actividad social y económica en todo el mundo. Dentro de esos medicamentos está la ivermectina, un excelente antiparasitario, muy efectiva, de muy bajo costo, con efectos antivirales muy bien demostrados in vitro, no tanto así en vivo cuando es usada a las dosis aprobadas para el uso en humanos.

 

La absorción de este medicamento es muy diferente en animales y las personas, con un perfil de seguridad muy bueno cuando se usan en las dosis recomendadas. Las expectativas que se crearon con la ivermectina contra el SARS-Cov-2 han sido tan altas, que este fármaco llegó a escasearse en la pandemia. Sin embargo, los estudios más recientes indican que las concentraciones antivirales del medicamento para disminuir la replicación del SARS-Cov-2 solo se obtienen con dosis de 1, 000 a 1, 200 miligramos, y la ficha técnica recomendada para la administración de este medicamento en los humanos es de 100 a 120 miligramos en dosis única. Se necesitan dosis extraordinariamente elevadas de ivermectina para obtener una actividad contra el nuevo coronavirus, con altas probabilidades de efectos secundarios graves.  Entonces, lo correcto y juicioso será, usar los medicamentos cuando existan solidas evidencias científicas que los respalden y no de manera empírica.

 

REFERENCIA: DOI: 10.1056/NEJMoa2021801. DOI: 10.3823/1442

Dr. Marcos Díaz Guillén

pediatra-neonatólogo

Santo Domingo

República Dominicana.

 

lunes, 30 de noviembre de 2020

RECHAZO A LA VACUNA DE LA COVID-19

 

Desde hace años existe una corriente de rechazo a las vacunas y en estos días, se oyen voces contra las nuevas vacunas que habrán de surgir si queremos detener el ritmo de enfermedad y muerte de la COVID-19.” Yo no me pongo esa vacuna”, nos dicen, y cuando preguntamos por qué, los argumentos son diversos, con un común denominador en todos: no hay evidencia científica que los respalde.

 

Cuando nos ponemos una vacuna, lo que se introduce en nuestro cuerpo es un virus o una bacteria muerta o debilitada que no está en capacidad de producir enfermedad. Pero que es capaz de engañar a nuestro sistema inmunológico que entiende que nos vamos a enfermar y comienza a producir anticuerpos contra esa enfermedad que todavía no se ha producido. Cuando unos padres vacunan a sus hijos contra el tétano no le están induciendo a enfermarse de tétano, le están evitando una terrible enfermedad. Cuando comencemos a vacunar contra la COVID-19 estaremos evitando la enfermedad, no produciéndola, porque de la manera como se están elaborando las vacunas eso no es posible. Yo particularmente, desde que esa vacuna llegue al país me la pongo y recomendaré a mi familia a que lo haga, como he recomendado en el ejercicio de mi profesión vacunar contra la rabia a todo niño que ha sido mordido por un perro u otro animal sospechoso.

 

Las vacunas como cualquier antibiótico o producto que podamos tomar o inyectarnos, pueden producir un efecto secundario no deseado, pero al comparar esos efectos con sus beneficios, la balanza se inclinará siempre por usar el antibiótico o la vacuna que está en capacidad de protegernos.

 

AstraZeneca – Universidad de Oxford tiene una vacuna con una efectividad de un 70%. Pfizer-BioNTech otra con una efectividad de un 95% y laboratorio Moderna informó que la suya tiene una efectividad de un 94%, todas sin efectos secundarios importantes que ya han sido evidenciados científicamente. En una pandemia como la que estamos padeciendo, mortal e impredecible en sus efectos y secuelas, disponer de una vacuna incluso con una efectividad aún menor, siempre será beneficioso.

 

 Mientras los procesos rigurosos de la producción de las vacunas contra COVID-19 se agotan, sigamos vacunando a nuestros niños y adultos contra las enfermedades y con las vacunas conocidas, lavémonos las manos, evitemos el aglomeramiento y usemos la mascarilla.

Dr. Marcos Díaz Guillén

pediatra-neonatólogo

Santo Domingo

República Dominicana.