jueves, 17 de agosto de 2017

Tosferina: BPZE 1, nueva vacuna intranasal

La tosferina, coqueluche o tos convulsa, es una enfermedad sumamente contagiosa de las vías respiratorias producida por una bacteria Gram negativa, la Bordetella Pertussis. Llama la atención, que esta enfermedad en los últimos años ha reemergido incluso en países con alta cobertura vacunal; con una morbilidad y mortalidad muy alta en los niños muy pequeños. Una de las causas de la reaparición de la tosferina es, el tiempo que el niño pasa para iniciar su programa de vacunación y, la poca cultura que existe de vacunar a los adultos. Cuando un niño nace, sale del hospital o la clínica para llegar a su hogar a relacionarse con tíos, abuelos y hermanos mayores que no han sido vacunados, la mejor fuente de contagio para el recién llegado.

Por otra parte, la vacuna de células enteras contra la tosferina que ofrecía una cobertura bastante aceptable, ya no se usa porque se le atribuyeron efectos no deseados, y fue sustituida por la vacuna Pertussis acelular (aP),  muy buena, con pocos efectos secundarios, pero con una relativa corta protección en el tiempo. Por estos y otros motivos, se necesita una vacuna que tenga un tiempo más largo de protección y que pueda aplicarse desde más temprana edad.

La BPZE 1, es una nueva vacuna contra la tosferina o pertussis elaborada con virus vivos atenuados de una sola dosis y aplicación Intranasal. Puede administrarse desde muy temprana edad, desde la etapa de recién nacido y  con una protección de más largo tiempo. La protección de esta vacuna contra la tosferina con una sola dosis es similar a la inducida por dos inyecciones de vacuna acelular en ratones adultos y significativamente mejor que dos dosis de vacuna acelular en ratones bebés.

Si bien es cierto que la vacuna que se ha estado administrando hasta hoy ha reducido significativamente la incidencia de la enfermedad, todavía la tosferina es la causa de más de 300 mil muertes por año, principalmente en niños pequeños que requieren de tres dosis de vacuna que solo es posible completar cuando el niño ha cumplido los seis meses de edad. Con la aparición cada día de mas casos de tosferina, incluso en países desarrollados con alta cobertura vacunal, poder contar con una vacuna de una sola dosis, vía Intranasal,  con alta cobertura y que pueda aplicarse al niño desde que nace, no hay dudas que es una excelente noticia.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana


miércoles, 9 de agosto de 2017

El niño, la ausencia del padre y sus cromosomas

La falta del padre durante la niñez tiene consecuencias negativas en la salud y conducta del niño, pero sus repercusiones biológicas hasta ahora no las conocíamos. Un estudio publicado recientemente en la revista  Pediatrics revela, que si el padre se ausenta del hogar por separación, divorcio, encarcelamiento, muerte etc., esta experiencia  se puede asociar con alteraciones biológicas celulares como las “fallas en el tamaño del telómero”.

A los 9 años de edad, los niños con padres ausentes, reducían el tamaño de sus telómeros en un 14%, y si el padre había fallecido aumentaba a un 16%. Y, ¿Qué son los telómeros?, son pequeñas porciones de ADN que forman los extremos de los cromosomas, con la función específica de mantener la integridad de las terminaciones cromosómicas, impidiendo que estos se enmarañen y se adhieran unos a otros, y ayudando a que los cromosomas homólogos se emparejen.

Hace más de una década investigadores  del Instituto Karolinska en Estocolmo realizaron estudios en los que demostraron cómo el medio ambiente y las circunstancias en que nace un bebé podían modificar sus genes. Al momento de nacer, si el feto no pasa por el estrés beneficioso de la labor de parto y tiene que nacer por cesárea, en ese momento, se van a activar y desactivar muchos de sus genes. Encontraron, que por un proceso de metilación genética se alteraban en más de 300 regiones del ADN de los recién nacidos  zonas relacionadas con la respuesta inmune, predisponiendo a estos bebés a más altas probabilidades de padecer asma, obesidad, diabetes tipo 1, leucemias etc. Por lo tanto, lo que somos, no está en nuestro ADN  desde que nacemos, sino, que puede ir cambiando a lo largo de nuestras vidas dependiendo de nuestras vivencias, para al final ser lo que somos.

El ser humano tiene su espiritualidad. Nuestro cuerpo, no es más que el continente donde se aloja nuestra psiquis y nuestra espiritualidad. Las experiencias de la infancia van a moldear no solo nuestra conducta, sino también nuestros genes y las posibilidades de enfermar o vivir más y mejor. Es deber de  padres, educadores y tutores, fomentar la espiritualidad en nuestros niños. Enseñarles a orar, a meditar, a ser agradecidos y compadecidos con los demás, a servir. Así, estaremos creando las condiciones que favorezcan su salud física, un mejor comportamiento de sus genes y un buen crecimiento espiritual. Y, nada de esto tiene que ver con religión, aunque alguna promueva estos valores.

Debemos interesar a nuestros niños por las artes, los deportes, el buen cine, la música, el teatro y la  lectura etc.,  porque son alimento para el espíritu. Hagamos de nuestros hogares y de nuestro país el habitat donde los niños puedan vivir las experiencias que les ayuden a ser mejores personas. Y llegarán a ser  felices. Que debe ser nuestro objetivo fundamental, más importante que darles una profesión, que también es importante.  

Referencia: Colter Mitchell and Cols.” Father Loss and Child Telomere Length”. Pediatrics: August/2017,Volume 140/ISSUE 2 .
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana

miércoles, 2 de agosto de 2017

Obesidad: un problema médico, ético y social

Si bien es cierto que conocemos los efectos que la obesidad ejerce sobre la salud física del niño y el adulto, sus consecuencias sociales no las conocemos muy bien. ¿Cómo puede la obesidad afectar la personalidad del individuo y su relación con los demás?, ¿cómo puede repercutir a largo plazo en su vida?, ¿cómo los distintos actores sociales estamos contribuyendo a su solución? Todavía no lo sabemos del todo. Entonces, hay que reconocer que la obesidad, no es solo un problema médico, sino también ético y social.

Las consecuencias emocionales de la obesidad incluyen, baja estima, una percepción negativa del propio cuerpo y depresión. Toda actitud o acción que estimule estas consecuencias debe ser considerada como un serio problema ético. El pediatra como médico de atención primaria, el educador, el endocrinólogo y nutricionista infantil, y el psicólogo escolar de manera coordinada con los padres, deberán unir esfuerzos y tomar en cuenta las distintas variables que afectan al niño obeso, para la obtención de los mejores resultados.

Los prejuicios que tenemos ante el niño o adulto obeso, nos llevan a convertirlos en objeto de burlas y discriminación con la creencia de que con ello vamos a motivar a la persona a perder de peso, o a pensar, que el obeso falla porque es un individuo indisciplinado o que no tiene fuerza de voluntad. Y es que, la sociedad culpa constantemente a la víctima en vez de crear las condiciones que contribuyan  a resolver su problema.

En un estudio de Van den Berg et al. Se encontró que un 25% a un 50% de los niños obesos objeto de burlas por sus compañeros, eran rechazados por sus propias familias. Por otra parte, no hay dudas que existe cierta predisposición hacia el adulto obeso en los lugares de trabajo. Y, que el niño obeso, tiene altas probabilidades de ser un adulto obeso, para seguir sufriendo en su adultez la discriminación y burlas que padeció cuando era niño.

En un estudio que abarcó 400 médicos, estos, pasaban menos tiempo examinando a sus pacientes obesos y eran menos proactivos en su relación. Se observó que los medios también discriminan, pues en los casting, las apariciones en T.V. y otros medios de comunicación  rechazan a los obesos.

En conclusión, la obesidad infantil, una epidemia mundial de la sociedad actual, puede repercutir a largo plazo con adultos obesos. Es una condición que debe  prevenirse y tratarse desde distintos escenarios, no solo desde el aspecto médico, dietético y metabólico. Sino también, desde el aspecto ético, educativo, psicológico y social, evitando los estigmas y predisposición hacia el niño y adulto obesos, muchas veces víctimas de nuestros prejuicios.


Referencia: Reginald L. Washington, MD, Childhood Obesity: Issues of Weight Bias, CDC.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana