miércoles, 2 de agosto de 2017

Obesidad: un problema médico, ético y social

Si bien es cierto que conocemos los efectos que la obesidad ejerce sobre la salud física del niño y el adulto, sus consecuencias sociales no las conocemos muy bien. ¿Cómo puede la obesidad afectar la personalidad del individuo y su relación con los demás?, ¿cómo puede repercutir a largo plazo en su vida?, ¿cómo los distintos actores sociales estamos contribuyendo a su solución? Todavía no lo sabemos del todo. Entonces, hay que reconocer que la obesidad, no es solo un problema médico, sino también ético y social.

Las consecuencias emocionales de la obesidad incluyen, baja estima, una percepción negativa del propio cuerpo y depresión. Toda actitud o acción que estimule estas consecuencias debe ser considerada como un serio problema ético. El pediatra como médico de atención primaria, el educador, el endocrinólogo y nutricionista infantil, y el psicólogo escolar de manera coordinada con los padres, deberán unir esfuerzos y tomar en cuenta las distintas variables que afectan al niño obeso, para la obtención de los mejores resultados.

Los prejuicios que tenemos ante el niño o adulto obeso, nos llevan a convertirlos en objeto de burlas y discriminación con la creencia de que con ello vamos a motivar a la persona a perder de peso, o a pensar, que el obeso falla porque es un individuo indisciplinado o que no tiene fuerza de voluntad. Y es que, la sociedad culpa constantemente a la víctima en vez de crear las condiciones que contribuyan  a resolver su problema.

En un estudio de Van den Berg et al. Se encontró que un 25% a un 50% de los niños obesos objeto de burlas por sus compañeros, eran rechazados por sus propias familias. Por otra parte, no hay dudas que existe cierta predisposición hacia el adulto obeso en los lugares de trabajo. Y, que el niño obeso, tiene altas probabilidades de ser un adulto obeso, para seguir sufriendo en su adultez la discriminación y burlas que padeció cuando era niño.

En un estudio que abarcó 400 médicos, estos, pasaban menos tiempo examinando a sus pacientes obesos y eran menos proactivos en su relación. Se observó que los medios también discriminan, pues en los casting, las apariciones en T.V. y otros medios de comunicación  rechazan a los obesos.

En conclusión, la obesidad infantil, una epidemia mundial de la sociedad actual, puede repercutir a largo plazo con adultos obesos. Es una condición que debe  prevenirse y tratarse desde distintos escenarios, no solo desde el aspecto médico, dietético y metabólico. Sino también, desde el aspecto ético, educativo, psicológico y social, evitando los estigmas y predisposición hacia el niño y adulto obesos, muchas veces víctimas de nuestros prejuicios.


Referencia: Reginald L. Washington, MD, Childhood Obesity: Issues of Weight Bias, CDC.
Dr. Marcos Díaz Guillén
pediatra-neonatólogo
Santo Domingo
República Dominicana

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