Vivimos en un mundo contradictorio en el que preferimos
tomar todo tipo de fármacos, mientras, enfermedades como la diabetes, obesidad,
hipertensión arterial, varios tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares son
favorecidas por nuestra libre y mala elección de la comida que llevamos a la
mesa, enseñando a
nuestros hijos a hacer lo mismo y así, enfermar todos por igual.
El movimiento FIM (Food IS Medicine) “La Comida es
Medicina”, respaldado por las recomendaciones en Salud Pública de los CDC utiliza
alimentación personalizada para prevenir, gestionar y tratar enfermedades crónicas
que al mismo tiempo reducen gastos sanitarios, la desigualdad alimentaria y que
se centra en aumentar el consumo de fibras, potasio, calcio y en la reducción
de azúcares.
Siempre que sea posible, debemos comer en casa, limitar
los productos procesados y evitar la azúcar añadida, las grasas saturadas y las
grasas Trans, que son los aceites que, sometidos a un proceso de hidrogenación son
solidificados para conservarlos por más tiempo; y que encontramos en snacks,
palomitas de maíz, pizas congeladas y otros productos cuyas grasas aumentan el
colesterol malo que obstruye las arterias coronarias.
Debemos fomentar en la población y desde el principio una
alimentación sana comenzando por amamantar a todos los niños. Incluir consumo
de frutas, verduras, granos integrales y grasas saludables. Alimentos ricos en grasas
buenas como el aguacate, plátanos o guineos y espinaca rica en vitaminas y
calcio. Lácteos, queso, yogur, grasa de pescados como el salmón, sardinas; naranja,
hortalizas de hojas verdes, brócoli, legumbres, frutos secos; y crear este
hábito desde la niñez.
Para que el niño desde que comienza a comer alimentos
sólidos conozca las verduras crucíferas, que son superalimentos por su alto
valor nutricional y contenido en vitaminas A, C y K y compuestos de azufre o glucosinolatos
y antioxidantes presentes en el brócoli, coliflor, coles de Bruselas, Col,
Kale, con fibras que ayudan a prevenir el cáncer, reducir la inflamación y mantener
la salud cardiovascular.
Los dominicanos
somos libres de elegir qué comer, pero preferimos la comida chatarra a la comida
saludable que cultivamos en el campo. Y es que, saber elegir va muy unido al
nivel de desarrollo de una población que, como la nuestra, necesita de una
mejor educación pública que pueda compensar la educación doméstica que en
nuestro país se degrada cada día más. Somos una población en la que, solo una
minoría ha tenido los recursos y oportunidades para llegar a entender que una
alimentación saludable es la mejor atención primaria en salud.
Marcos Díaz Guillén
Pediatra de la República Dominicana.
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