viernes, 2 de octubre de 2009

Recordando a Virginia Apgar


Hace cien años, un 7 de junio del año 1909 nace Virginia Apgar, una mujer excepcional como profesional de la medicina y como persona. Graduada de médica en el año 1933 en la universidad de Columbia inicia su especialización como cirujana la que abandona dos años después para pasar a especializarse en anestesiología, también estudió zoología trabajando como profesora en ésta disciplina.

Desarrolló un interés especial por conocer los efectos que sobre el recién nacido pudiera producir la anestesia dada a la madre y por disminuir la mortalidad neonatal que para entonces era muy elevada.

En el año 1952 la doctora Apgar ideó y elaboró un sistema de puntuación para evaluar el estado de salud del recién nacido basado en observaciones simples del niño al minuto y a los cinco minutos de nacido. Este sistema de evaluación clínica se relacionó en estudios posteriores con el estado bioquímico del recién nacido, convirtiéndose la puntuación de Apgar en una prueba utilizada hasta nuestros días en todos los hospitales y por todos los pediatras del mundo.

Fue una mujer intrépida que aprendió a pilotear avión a los 50 años de edad, declarando que una de sus metas era volar algún día bajo el puente de New York. Publicó sesenta artículos científicos y numerosos ensayos para revistas y periódicos además de su libro “Is my baby all right?“. Tocó el violín desde muy temprana edad, era magnífica disertante, fabricó violines, una viola y un violinchelo, disfrutaba la pesca, la jardinería y el juego de golf.

Recibió innumerables condecoraciones, fue nombrada profesor clínico de pediatría en la universidad de Cornell y disertante designada de genética médica en la escuela de salud pública en Johns Hopkins. Falleció el 7 de agosto de 1974 en el centro médico de Columbia donde laboró gran parte de su vida.

Su íntimo amigo y colaborador L. Stanley James la definió como la persona más notable por él conocida, con un entusiasmo juvenil y energía sin límites, calurosa y compadecida, con un gran sentido del humor, integra, sincera y honrada, franca y directa, presta a ayudar al necesitado, con un talento extraordinario que no le impidió ser inmensamente humilde.

Pienso, que todos los pediatras dominicanos, cada vez que recibamos a un recién nacido y le realicemos la evaluación de Apgar, deberíamos recordar a esa mujer extraordinaria, seguir su ejemplo y si no podemos llegar a la excelencia de su capacidad científica, que por lo menos podamos imitarle en su condición humana.

Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo


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