Una joven madre me pregunta, ¿Qué es mejor, dejar que el niño se chupe el dedo o ponerle un chupete o bobo?.
Incluso entre los especialistas no hay aún unanimidad al respecto, lo que sí es de consenso, es que el chupete o bobo interfiere negativamente con la alimentación al seno si se usa en los primeros días después del nacimiento.
El chupete, es más fácil de succionar por el niño que en principio no se ha adaptado muy bien al pezón de su madre, el niño puede satisfacer con el bobo parte de sus necesidades y por consiguiente succionar menos del seno desactivando el mecanismo succión - cerebro - prolactina llevando a la madre a la hipogalactia o poca producción de leche.
Por otra parte, la succión del dedo por el niño es un reflejo, es una actividad normal que se inicia in útero y que persiste en la mayoría de los niños hasta su primer año de vida cuando tiende a desaparecer. El reflejo de succión le permite al bebé alimentarse y con ello sobrevivir, por lo que no es denigrante que el niño pequeño se chupe un dedo o más de uno.
En mi experiencia como pediatra, no conozco un niño que alguna vez en algún momento de su vida no se haya chupado el dedo.
Si pasado el primer año y medio de edad el niño persiste en chuparse el dedo y lo hace con ansiedad, entonces son los padres los que deben revisarse. Pues generalmente ocurre en padres muy indulgentes o muy severos, que no tienen muy claro su rol y que transmiten inseguridad al niño, refugiándose éste en el chupeteo como una manera de descargar tensiones. Una manera de evitar en el niño ese hábito es, rodearlo de un ambiente de amor, de disciplina y de sana convivencia, una manera de disuadirlo si ya lo hace es, tratar que el niño ocupe sus manos en algún juego o actividad que le sea productiva si es que usted lo nota muy reiterativo en el chupeteo.
No soy partidario del chupete, bobo o chupón como también se le llama, porque además de que se ensucia y contamina fácilmente, muchas veces se utiliza para esconder nuestras debilidades como padres y para impedir el llanto del niño que es el único idioma con el que se comunica el ser humano antes de aprender hablar.
Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo
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El Dr. Marcos Díaz Guillén, especialista en Pediatría y Neonatología de Santo Domingo, República Dominicana, escribe sobre inquietudes y dudas que muchos Padres tienen sobre la salud, bienestar y crianza de sus hijos. Por cuestiones legales preferimos no responder a consultas a través de este medio.
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martes, 1 de diciembre de 2009
martes, 7 de julio de 2009
El Niño que se Chupa el Dedo
Es una preocupación para muchos padres observar como su hijo se chupa constantemente el dedo pulgar o cualquier otro dedo, aveces hasta dos y tres dedos a la vez. En el afán por cambiar éste hábito se pierde mucha energia y se producen momentos de tensión en la relación padres-niño sin resultados satisfactorios.
Muchas veces se busca la solución al problema con la sustitución del dedo por el chupete, chupón o bobo como tambien se lo conoce, añadiendose un ingrediente nuevo que en algunos niños solo ha servido para incrementar más la adicción al dedo o para abrir las puertas a infecciones producto del uso de un chupete sucio o contaminado.
Es oportuno que se sepa, que la acción de chupar o succionar es algo innato en el ser humano, incluso, para los pediatras es un signo de bienestar y buena salud si el niño al nacer tiene una buena succión que le permita amamantarse adecuadamente. Diferente y muy preocupante si al nacer un niño entre otros signos y síntomas presenta una succión pobre o débil.
En mi experiencia me atrevería a afirmar, que el 100% de los niños se han chupado el pulgar u otro dedo en algún momento de sus vidas, particularmente en sus primeros meses. Cuando esto se prolonga por mucho tiempo incluso años, pudiera ser que esa acción de chupeteo constante no sea más que una respuesta, un escape del niño a las
tensiones de un ambiente familiar conflictivo.
Aunque no está del todo claro, si el chuparse el dedo persiste más allá de los seis a siete años de edad cuando ya han brotado los dientes permanentes, sería recomendable recibir la ayuda de un profesional de la odontología con la idea de prevenir cualquier deformación que pudiera alterar la masticación y la estética de la cara del niño.
En el plano de la prevención ¿Qué hacer?: Recordar que el chuparse el dedo es algo normal y transitorio en la inmensa mayoría de los niños, que si ésta acción se prolonga en el tiempo son los padres quienes deben revisarse y ver si existen problemas intrafamiliares o de relación con el niño que lo hacen manifestarse de esa manera, que pretender reprimir el hábito lo pùede incrementar más. Sea inteligente y persuada al niño de no seguir haciendolo, ocupe las manos del niño en algún juego o actividad que le sean gratificantes si lo descubre chupando, pero sin agresión o recriminación. Y, en aquellos casos cuya preocupación sea la deformidad que el chupeteo pudiera producir en la mordedura, entonces haga una cita con un buen odonto-pediátra.
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Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo
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Muchas veces se busca la solución al problema con la sustitución del dedo por el chupete, chupón o bobo como tambien se lo conoce, añadiendose un ingrediente nuevo que en algunos niños solo ha servido para incrementar más la adicción al dedo o para abrir las puertas a infecciones producto del uso de un chupete sucio o contaminado.
Es oportuno que se sepa, que la acción de chupar o succionar es algo innato en el ser humano, incluso, para los pediatras es un signo de bienestar y buena salud si el niño al nacer tiene una buena succión que le permita amamantarse adecuadamente. Diferente y muy preocupante si al nacer un niño entre otros signos y síntomas presenta una succión pobre o débil.
En mi experiencia me atrevería a afirmar, que el 100% de los niños se han chupado el pulgar u otro dedo en algún momento de sus vidas, particularmente en sus primeros meses. Cuando esto se prolonga por mucho tiempo incluso años, pudiera ser que esa acción de chupeteo constante no sea más que una respuesta, un escape del niño a las
tensiones de un ambiente familiar conflictivo.
Aunque no está del todo claro, si el chuparse el dedo persiste más allá de los seis a siete años de edad cuando ya han brotado los dientes permanentes, sería recomendable recibir la ayuda de un profesional de la odontología con la idea de prevenir cualquier deformación que pudiera alterar la masticación y la estética de la cara del niño.
En el plano de la prevención ¿Qué hacer?: Recordar que el chuparse el dedo es algo normal y transitorio en la inmensa mayoría de los niños, que si ésta acción se prolonga en el tiempo son los padres quienes deben revisarse y ver si existen problemas intrafamiliares o de relación con el niño que lo hacen manifestarse de esa manera, que pretender reprimir el hábito lo pùede incrementar más. Sea inteligente y persuada al niño de no seguir haciendolo, ocupe las manos del niño en algún juego o actividad que le sean gratificantes si lo descubre chupando, pero sin agresión o recriminación. Y, en aquellos casos cuya preocupación sea la deformidad que el chupeteo pudiera producir en la mordedura, entonces haga una cita con un buen odonto-pediátra.
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