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miércoles, 11 de julio de 2018

Riesgo de infección severa en niño prematuro


Algunos estudios han reportado que existe aumento de los riesgos de enfermedad neumocócica invasiva (ENI) en el niño prematuro. Sin embargo, esto no había sido investigado en un estudio epidemiológico comparativo (cohorte), tampoco el impacto de la vacuna antineumocócica conjugada (PCV7). Tomando como base de datos el Registro Médico de Nacimientos de Noruega, una investigación realizada del 2002 al 2010 en 628, 138 niños estudiados desde su nacimiento hasta los dos años de edad, encontró, tasas más altas de ENI en el niño prematuro en relación con el niño nacido a término. Evidenciándose la susceptibilidad a la infección en el niño prematuro, y, la acción protectora que produjo la introducción de una nueva vacuna en esos años.

La ENI es la mayor causa de enfermedad y mortalidad en niños por debajo de los dos años y, el conocimiento de los factores de riesgo para esta enfermedad es importante para la implementación de una mejor estrategia de vacunación. Sabemos que de 10 nacimientos 1 o 2 son prematuros  y que lamentablemente estos nacimientos están aumentando por cesáreas programadas. Que un nacimiento a destiempo trae al mundo a un niño con un sistema inmune muy inmaduro, un niño cuya madre no ha tenido el tiempo para transferirle suficientes anticuerpos. Razones que explican el incremento del riesgo aumentado de ENI en el recién nacido prematuro.

La investigación realizada en Noruega es muy amplia y completa, con muchas variables que en este espacio limitado no podemos enumerar. De los 628, 138 niños incluidos en el estudio, 41, 931 nacieron prematuros y 411 se diagnosticaron con ENI, de estos, 224 correspondieron a la época pre vacunación y solo 82 enfermaron después de la introducción de la vacuna PCV7.

Concluyeron, que el nacimiento prematuro es un factor de gran riesgo para la ENI en niños entre los
0 – 23 meses de edad antes y después de la vacuna. Que para reducir la ENI en los prematuros menores de 6 meses la vacuna deberá administrarse con una primera dosis antes de los 3 meses de la edad cronológica del prematuro, y, que el valor de las vacunas es cada día mayor en la prevención de enfermedad y muerte en todos los niños.

Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo
Santo Domingo, República Dominicana

REFERENCIA: The Pediatric Infectious Disease Journal. July/2018 – Volume 37-Issue/7. Vaccine Report, Pages 195-200.

martes, 22 de diciembre de 2009

El Niño con Amigdalitis

Parecería innecesario tratar en esta columna un tema tan intrascendente como es el caso del niño que sufre de amigdalitis. Es algo tan común, que a diario nos encontramos con niños que la padecen, que son tratados e incluso "sanados" por cualquier persona.

Sin embargo, yo pienso que es muy importante hablar de esta enfermedad que afecta prácticamente a todos los niños en algún momento de su vida y que los expone a serias complicaciones si se toma a la ligera o se trata inadecuadamente.

El hecho de que un niño tenga las amígdalas grandes y rojas en un momento determinado no quiere decir que necesariamente padece de amigdalitis bacteriana y que tengamos que administrarle un antibiótico, muchos de esos casos pudieran ser amigdalitis virales que son las más comunes y sólo el médico está en capacidad de diferenciarlas.

Por otra parte, el tamaño de las amígdalas dice muy poco para valorar si están sanas o enfermas, porque además, no existen criterios con los que podamos definir claramente cuál es su tamaño "normal". Amígdalas muy grandes pudieran ser muy sanas, mientras que aquellas que han sufrido infecciones repetidas, pudieran ser pequeñas y patológicas. Las amígdalas aumentan de tamaño gracias a los contactos virales o bacterianos, estimulando estos contactos su hipertrofia como un signo de una buena respuesta de las defensas del organismo y no como un signo de infección necesariamente.

Las amigdalitis producidas por el estreptococo o cualquier otra bacteria deberán ser bien tratadas, con las dosis adecuadas de antibióticos calculadas por kilos de peso y por el tiempo necesario, por lo tanto, eso sólo puede hacerlo el especialista, quien tiene los criterios para actuar correctamente en cada caso.

Una infección de garganta tratada sin los criterios médicos, sólo por unos días, suspendiendo el tratamiento porque ya el niño no tiene fiebre, con los medicamentos y dosis inadecuadas exponen al niño a resistencia bacteriana, a lesiones renales, cardíacas y reumáticas de consecuencias muy funestas.

Debemos erradicar el hábito de tratar a nuestros hijos como si fuéramos médicos sin serlo y en el caso de las amigdalitis entender que hacerlo a la ligera es exponer al niño a riesgos de complicaciones futuras algunas de ellas invalidantes.



Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo