Mostrando entradas con la etiqueta amigdalitis bacteriana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amigdalitis bacteriana. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de septiembre de 2010

Peligro de infección por arañazo de gato

Foto © Ana Cotta

La enfermedad por arañazo de gato es una infección producida por una bacteria, la Bartonella Henselae, que el gato puede alojar en su saliva y pasarla al ser humano por una mordedura.  El gato habitualmente se lame sus patas, por lo tanto,  con el arañazo es como más la transmite.  Casi el 50% de los gatos en algún momento tienen dicha bacteria en su saliva.

El lugar del arañazo se puede inflamar o formarse una llaga que tarda mucho tiempo en sanar.  Los ganglios linfáticos de la zona se agrandan, se hacen dolorosos y pueden supurar, el paciente presenta malestar general, fiebre en la mitad de los casos, cansancio, fatiga, dolor de cabeza y falta de apetito.

El diagnóstico puede pasar desapercibido aún para el médico más acucioso ya que los síntomas muchas veces no guardan una relación causa-efecto, pues la mayoría de los pacientes no son capaces de relacionar  el arañazo con la aparición de los síntomas que pueden llegar mucho tiempo después.

En un niño o adulto saludable el pronóstico es bueno, aunque a veces los síntomas pueden tardar meses en desaparecer. En pacientes con un sistema inmunológico deprimido o que están recibiendo quimioterapia la situación puede ser grave, estos necesitarán terapia con antibióticos, al gato no hay que tratarlo, porque solo es un portador sin padecer la enfermedad.

La manera más simple de prevenir la enfermedad es eliminando el gato, pero esto sería cruel, además  impropio del ser humano de la nueva sociedad a que aspiramos. Usted puede extirparle quirúrgicamente las uñas para evitar el arañazo, mantenerlo limpio y vacunado además de enseñarle a sus hijos el lavado de las manos después de tocar a su gato.

Recordemos, que el ser humano comparte el planeta con las aves y otros animales, también con las plantas, los ríos, mares y montañas. Que al niño debemos enseñarle a convivir en armonía con los demás seres humanos, con los animales y elementos que le rodean si deseamos una sociedad más sana para las nuevas generaciones.

Hice este escrito recordando a una niña que llorosa y triste entendía que debía deshacerse de su gato porque los pelos de ese animal, según su médico, eran los responsables de su asma.

Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra - Neonatólogo
Santo Domingo - República Dominicana



martes, 22 de diciembre de 2009

El Niño con Amigdalitis

Parecería innecesario tratar en esta columna un tema tan intrascendente como es el caso del niño que sufre de amigdalitis. Es algo tan común, que a diario nos encontramos con niños que la padecen, que son tratados e incluso "sanados" por cualquier persona.

Sin embargo, yo pienso que es muy importante hablar de esta enfermedad que afecta prácticamente a todos los niños en algún momento de su vida y que los expone a serias complicaciones si se toma a la ligera o se trata inadecuadamente.

El hecho de que un niño tenga las amígdalas grandes y rojas en un momento determinado no quiere decir que necesariamente padece de amigdalitis bacteriana y que tengamos que administrarle un antibiótico, muchos de esos casos pudieran ser amigdalitis virales que son las más comunes y sólo el médico está en capacidad de diferenciarlas.

Por otra parte, el tamaño de las amígdalas dice muy poco para valorar si están sanas o enfermas, porque además, no existen criterios con los que podamos definir claramente cuál es su tamaño "normal". Amígdalas muy grandes pudieran ser muy sanas, mientras que aquellas que han sufrido infecciones repetidas, pudieran ser pequeñas y patológicas. Las amígdalas aumentan de tamaño gracias a los contactos virales o bacterianos, estimulando estos contactos su hipertrofia como un signo de una buena respuesta de las defensas del organismo y no como un signo de infección necesariamente.

Las amigdalitis producidas por el estreptococo o cualquier otra bacteria deberán ser bien tratadas, con las dosis adecuadas de antibióticos calculadas por kilos de peso y por el tiempo necesario, por lo tanto, eso sólo puede hacerlo el especialista, quien tiene los criterios para actuar correctamente en cada caso.

Una infección de garganta tratada sin los criterios médicos, sólo por unos días, suspendiendo el tratamiento porque ya el niño no tiene fiebre, con los medicamentos y dosis inadecuadas exponen al niño a resistencia bacteriana, a lesiones renales, cardíacas y reumáticas de consecuencias muy funestas.

Debemos erradicar el hábito de tratar a nuestros hijos como si fuéramos médicos sin serlo y en el caso de las amigdalitis entender que hacerlo a la ligera es exponer al niño a riesgos de complicaciones futuras algunas de ellas invalidantes.



Dr. Marcos Díaz Guillén
Pediatra-Neonatólogo